
23/10/07
21/10/07
Religión y muerte en la España del 36

El carácter de guerra santa que el episcopado español había conferido a la rebelión militar y a la Guerra Civil, Jacques Maritain escribía en 1937: "Es un sacrilegio horrible masacrar a sacerdotes -aunque fueran fascistas, son ministros de Cristo- por odio a la religión; y es un sacrilegio igualmente horrible masacrar a los pobres -aunque fueran marxistas, son cuerpo de Cristo- en nombre de la religión".
Por odio a la religión, en nombre de la religión: dos motivos para matar en la España de 1936. La religión católica o, mejor, la Iglesia y, todavía más, el clero católico han sido en España objeto de odio secular. La clerofobia, redoblada por la iconoclastia, constituye un elemento central de la cultura política popular desde, al menos, los comienzos del Estado liberal, cuando tuvieron lugar las primeras matanzas de clérigos, las quemas de iglesias y la profanación de imágenes en Madrid y en Barcelona, un siglo antes de la gran matanza de 1936.
En lugar de celebrar esas muertes como martirios por la fe, los insaciables jerarcas católicos de nuestros días harían bien en preguntarse por las razones de ese odio secular. No les sería difícil percibir en él la misma motivación que la esgrimida por sus antecesores en las sedes episcopales para, en nombre de la religión, alentar la masacre de pobres, por decirlo a la manera de Maritain. La celebración de la matanza de obreros y campesinos en Badajoz el día de la festividad de la Asunción pertenece al mismo orden de cosas que los rituales de muerte y profanación repetidos mil veces en el verano del 36: morir por la religión, matar por la religión.
Morir y matar: acontecimientos supremos que exigirían más espacio para penetrar en su sentido. Pero una cosa es clara: por la religión se mata y se muere cuando la institución encargada de propagar la fe se ha convertido en un poder político, en una Iglesia de Estado, que impone sus creencias, su moral, sus valores, sus ritos, sus fiestas, a toda la sociedad apoyada en aparatos de Estado. Una institución que impide la construcción de un Estado liberal por haber sacralizado todos los espacios de la esfera pública y que no deja margen a la libertad de conciencia por haber sometido a su moral todos los rincones de la vida privada.
En España, a la conversión del catolicismo en religión de Estado se añadió la identificación del ser católico con el ser nacional. La nación española era católica o no era. Hasta tal punto, que no decirse católico equivalía a proclamarse enemigo de España, a militar en la anti-España. Es de ayer mismo este lenguaje; tan de ayer, que todavía hoy resuenan sus ecos. Identificado con la anti-España, en una situación de guerra civil, el enemigo estaba destinado al matadero. Gomà, Pla i Deniel y todos los demás lo martilleaban una vez y otra: había que liquidar, exterminar, sajar, limpiar, depurar, cortar, barrer: un lenguaje de exclusión, un léxico de muerte.
Otro católico francés, George Bernanos, lo vio con espantada claridad y con un irreprimible sentimiento de repugnancia cuando presenció, después de saludar alborozado la rebelión militar, las terribles matanzas de Mallorca, donde centenares de gentes pacíficas e inocentes, que jamás habían cometido delito alguno, eran detenidas en sus casas, vejadas, torturadas y llevadas a la muerte. En su abrumador alegato contra el clero, escribió Bernanos: "El Terror habría agotado desde hace mucho tiempo su fuerza si la complicidad más o menos reconocida, o incluso consciente, de los sacerdotes y de los fieles no hubiera conseguido finalmente darle un carácter religioso".
Ésta es toda la cuestión a la que la Iglesia católica española nunca se ha atrevido a mirar de frente. No que todos mataran, no que las culpas estén repartidas y que cada cual se las apañe con sus muertos. Lo terrible es que al convertir la fe católica en religión de Estado y al identificar el ser católico con la pertenencia a la nación, la Iglesia española alimentó, de una parte, un odio sagrado, una santa ira, que rompió por el eslabón más débil, contra su clero y sus imágenes, y, de otra, impregnó de sacralidad el terror que costó la vida a tantos miles de inocentes fusilados en nombre de Cristo Rey. En lugar de vestir sus mejores galas para conmemorar la efeméride, la jerarquía católica haría mejor echando ceniza sobre su cabeza por la parte que le corresponde en toda esta historia de muerte y religión. El País. Santos Juliá 21/10/2007
20/10/07
Propuesta a los Obispos para próximas beatificaciones de "mártires"
Mi amigo Rouco Varela

El Arzobispado de Madrid, que dirige el ultraconservador Rouco Varela, tendrá que pagar una indemnización de 30.000 euros por los abusos cometidos por un cura pederasta de Aluche en Madrid. Ya sabemos que lo verdaderamente importante es manifestarse contra el matrimonio gay y saltarse la Ley de Educación.
Ley de la Memoria Historica

En Memoria de todas y cada una de las personas que perdieron su vida durante la atroz guerra civil española. Aún no siendo mártires oficiales para los inmorales que componen y apoyan a la Iglesia Católica Española. Por respeto a su memoria, ya que sus cuerpos siguen en las cunetas.
http://www.mpr.es/NR/rdonlyres/3834DA97-8D86-4CD0-AE2E-7C8AA123725A/77934/ProyectodeLey.pdf
Reflexión jurídica y ética de Rouco Varela
Reflexiones para la valoración jurídica y ética
de una nueva asignatura en el sistema escolar español.
de una nueva asignatura en el sistema escolar español.
Emmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal-Arzobispo de Madrid
Así termina su reflexión:
En cualquier caso, a tenor de la jurisprudencia constitucional y jurídico-internacional comparada, no puede negarse a los padres de familia y a los alumnos mayores de edad el recurso legítimo a la objeción de conciencia.
Muy bien demócrata, y "En cualquier caso",... todos los que fuimos obligados a formar parte de la iglesia católica y a ser adoctrinados dentro de ella durante 40 años, ¿Podemos demandar a esa organización y pediros daños y perjuicios por lo que nos hicísteis a lo largo de nuestra infancia?. ¿La jurisprudencia constitucional y jurídico-internacional comparada nos ampara?
Y tú reflexionas e intentas darnos clase de ética ???? (valoración de los actos humanos en cuanto que sean buenos o malos) Definitivamente eres un inmoral, tú y la empresa que representas.
¿.....?
15/10/07
Sorpresa, Sorpresa ¡¡
14/10/07
Catequesis

Santa María Purísima

El Arzobispado de Madrid, que dirige el ultraconservador Rouco Varela, tendrá que pagar una indemnización de 30.000 euros por los abusos cometidos por un cura pederasta de Aluche en Madrid. Ya sabemos que lo verdaderamente importante es manifestarse contra el matrimonio gay y saltarse la Ley de Educación, pero estaría bien que el arzobispo hiciera algunas declaraciones sobre esto.
Pese a que el Arzobispado se ha pasado cinco años litigando para evitar pagar esta cantidad, el Tribunal Supremo ha ratificado que la Iglesia "debía haber vigilado el comportamiento del cura que cometió los abusos sexuales contra un niño en la sede de la vicaria". Lamentablemente, parece que los dirigentes eclesiásticos están más pendientes de cerrar iglesias que no reparten bien las hostias antes que de evitar los abusos a menores.
No es, ni mucho menos, el primer caso de estas características, que cada tiempo se da dentro de la institución. Sin embargo, la Iglesia se reviste de su supuesta 'superioridad moral' para dar consejos a toda la sociedad, y no sólo a los católicos. ¿No deberían primero limpiar su casa antes de darnos a los demás lecciones de cómo comportarnos?
Dios - El día que salieron a la calle
Foto para un Pulitzer

Sí, sí, por favor, que los obispos convoquen finalmente esa manifestación con la que vienen amenazando al PSOE para que no cumpla su programa. Quiera Dios que soliciten para sí el derecho que negaron a la sociedad española cuando llevaban a Franco y al Santísimo, por este orden, bajo el mismo palio. Ojalá que la televisión pública se ocupe del acontecimiento como el suceso histórico que está llamado a ser. Por nuestra parte, reuniríamos a toda la familia en torno a la pantalla para que los jóvenes apreciaran las diferencias entre los unos y los otros. "Mirad", les diríamos, "cómo se aprovechan de la democracia, en la que no han creído nunca, mientras que los ateos, sin participar de sus valores, se los financiamos a través de los Presupuestos Generales del Estado". A nosotros, el celibato y la castidad nos parecen perversiones brutales que, además de provocar desajustes psíquicos y hormonales que a la vista están, acaban con la demografía. Pero daríamos el alma, como el otro, por defender el derecho a ser casto y célibe siempre y cuando no se convirtiera en una obligación. Y ello pese a que la Iglesia, si pudiera, nos prohibiría divorciarnos. Ya nos lo prohibió durante cuarenta años dominados por la opacidad intelectual de las sotanas y la mugre emocional de las sacristías. También nos prohibió los anticonceptivos y el condón y la libertad de prensa y el onanismo y la concupiscencia y el carnaval y la risa. Además, censuró las películas y las obras de teatro y las novelas y los ensayos filosóficos y los escotes y hasta la minifalda.A nosotros, en cambio, no nos parecería mal que los obispos acudieran con sotana a la manifestación. Ojalá viéramos desfilar a un millón de antidivorcistas, de antiabortistas, de antifeministas, de antidemócratas, para que aprendieran una lección de tolerancia histórica que les ayudara a no confundir su orden moral con el orden moral. Y otra cosa: nos encantaría ver en la concentración al mismísimo Dios detrás de una pancarta. Aunque lo más probable es que Dios, si existe, se quede a verla por la tele, espantado una vez más de que en su nombre se condene ahora a los homosexuales, a las células madre o a Darwin. Dios no puede estar tan loco. (JJ Millás 2004)

Sí, sí, por favor, que los obispos convoquen finalmente esa manifestación con la que vienen amenazando al PSOE para que no cumpla su programa. Quiera Dios que soliciten para sí el derecho que negaron a la sociedad española cuando llevaban a Franco y al Santísimo, por este orden, bajo el mismo palio. Ojalá que la televisión pública se ocupe del acontecimiento como el suceso histórico que está llamado a ser. Por nuestra parte, reuniríamos a toda la familia en torno a la pantalla para que los jóvenes apreciaran las diferencias entre los unos y los otros. "Mirad", les diríamos, "cómo se aprovechan de la democracia, en la que no han creído nunca, mientras que los ateos, sin participar de sus valores, se los financiamos a través de los Presupuestos Generales del Estado". A nosotros, el celibato y la castidad nos parecen perversiones brutales que, además de provocar desajustes psíquicos y hormonales que a la vista están, acaban con la demografía. Pero daríamos el alma, como el otro, por defender el derecho a ser casto y célibe siempre y cuando no se convirtiera en una obligación. Y ello pese a que la Iglesia, si pudiera, nos prohibiría divorciarnos. Ya nos lo prohibió durante cuarenta años dominados por la opacidad intelectual de las sotanas y la mugre emocional de las sacristías. También nos prohibió los anticonceptivos y el condón y la libertad de prensa y el onanismo y la concupiscencia y el carnaval y la risa. Además, censuró las películas y las obras de teatro y las novelas y los ensayos filosóficos y los escotes y hasta la minifalda.A nosotros, en cambio, no nos parecería mal que los obispos acudieran con sotana a la manifestación. Ojalá viéramos desfilar a un millón de antidivorcistas, de antiabortistas, de antifeministas, de antidemócratas, para que aprendieran una lección de tolerancia histórica que les ayudara a no confundir su orden moral con el orden moral. Y otra cosa: nos encantaría ver en la concentración al mismísimo Dios detrás de una pancarta. Aunque lo más probable es que Dios, si existe, se quede a verla por la tele, espantado una vez más de que en su nombre se condene ahora a los homosexuales, a las células madre o a Darwin. Dios no puede estar tan loco. (JJ Millás 2004)
13/10/07
Propuesta a la Conferencia Episcopal: Este es el club de los que "cayeron por Dios y por España", supongo por su España en todo caso. Los demás, aunque sigan por las CUNETAS, no vale la pena mencionarlos, ¿verdad, monseñor?.
Si a esto le quieren llamar reconciliación es que me he perdido algo.
Adjunto Himno Oficial, el que habéis propuesto no tiene "gancho"
Los obispos preparan una peregrinación

España, 1936-2007
Es Jerez de los Caballeros una hermosa población de la provincia de Badajoz. Allí nació mi abuela y murió mi abuelo. El 21 de septiembre de 1936 no hubo guerra, sólo una rueda interminable de fusilamientos. Y cabezas de mujeres rapadas. Y expolio de propiedades de los vencidos. Y miedo, mucho miedo. Ningún jerezano de derechas fue asesinado antes de la conquista. Fueron encarcelados por la autoridad republicana y eso les salvó.
El 21 de septiembre de 2006 era yo quien entraba en Jerez de los Caballeros. Acudí al homenaje de los republicanos fusilados. Y a buscar a mi abuelo. Oí historias inimaginables. Hice amigos. Entre éstos, una mujer a quien la violencia le había arrebatado dos hermanos, José y Francisco. A Francisco le enterró en el pueblo tras recoger su cuerpo del cementerio de Bermeo (Vizcaya), donde fue cristianamente sepultado tras morir en el País Vasco, combatiendo en las filas del ejército de Franco. Era católico. Como la madre de mi amiga, ferviente, celosa cumplidora de sus deberes para con su Iglesia. Tan devota que hizo prometer a su hija antes de morir que en cuanto "se pudiera" enterraría a su otro hijo, José, como a un auténtico cristiano. José fue fusilado por falangistas el 3 de octubre de 1936, contra las paredes del cementerio. La única acusación que conocieron fue, años después, bajo secreto de confesión, que había reído ante el paso de los presos de derechas cuando eran llevados a trabajar. Tenía 23 años. Lo enterraron en una fosa común exhumada en el cementerio de Jerez de los Caballeros en 1981. Mi amiga decidió que no podía dejar allí a sus otros conciudadanos. En ese momento, 65. Hay en el cementerio de Jerez de los Caballeros un mausoleo en cuya lápida blanca grabaron: "Holocausto. 1936-1939". Y la paloma de la paz de Picasso. Mi amiga me contó que no se atrevieron a poner los nombres de los republicanos por "no abrir viejas heridas".
Años más tarde, antes de fallecer la madre de mi amiga, recibieron una sorprendente visita. Eran dos sacerdotes que venían a ofrecer la posibilidad de emprender el proceso para proclamar mártir a su hijo Francisco, caído por Dios y por España en el frente del País Vasco. Me cuenta mi amiga que su madre les dijo a los ministros de su amada Iglesia católica que ella conocía mejor que nadie a Francisco. Y a su otro hijo José. Y que si bien ambos eran muchachos de buen corazón y mejores actos, si por su forma de actuar en la vida alguno podía ser denominado santo, ése era su hijo José. Cuenta mi amiga que tras insistir brevemente, los sacerdotes salieron de su casa. Ni el próximo 28 de octubre, ni ningún otro día, los nombres de Francisco y de José serán mencionados en la plaza de San Pedro de Roma. (Pedro Delgado Sánchez 12/10/2007)

No tengo inconveniente en que la iglesia beatifique a sus mártires. Es más estoy acostumbrado a que lo haga. Pero creo que va siendo hora de que todos los que fuimos obligados a formar parte de la iglesia católica y a ser adoctrinados por ellos, todos los que fuimos obligados a pasar por la iglesia, a inscribirnos en ella desde nuestro nacimiento, obligandonos a confesar, a reprimir nuestro desarrollo natural, a atrofiar nuestra sexualidad, a pasar por ellos para que el matrimonio fuera legal, y tantos etc,.. que de una vez por todas demandemos a esta organización y le pidamos daños y perjuicios por los daños que hemos sufrimos en nuestra infancia, adolescencia, .... - Dispuestos a demandarlos¡¡ Yo me apunto.
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